martes, 25 de julio de 2006

Nunca pelees con una puerta blindada, perderás

El jueves pasado iba yo con prisas, como suelo ir siempre, y cerré con demasiada fuerza la puerta de mi casa. Como era una hora de esas en que la gente suele dormir la siesta, pensé que con el portazo que iba a dar se despertaría medio bloque, así que eché la mano derecha hacia atrás para detenerla un poco y que el golpe fuera menor.
Puede que fuera el cansancio acumulado, o que estaba guardando el mp3 en el bosillo con la otra mano o simplemente que no me fijé en la cara de odio contenido que tenía mi puerta... El caso es que estiré demasiado la mano y la puse entre la puerta y la jamba (la pieza lateral del marco que rodea a la puerta).
Como podreis imaginaros, el dolor fue indescriptible... y la consecuencia, obvia: tengo el dedo gordo de la mano derecha hinchado al doble de su tamaño, la uña medio morada (no, no me la he pintado de ese color) y cualquier cosa que me roce en el nacimiento de la uña -que es la parte que se llevó el golpe- me hace casi llorar de dolor.
Sí, fui al médico y, apesar de que se lo pedí, no me quiso drenar la sangre para que esto no se hinchara tanto y el dolor fuera menor con la excusa de que se podía infectar. Simplemente me dijo que de aquí a un mes empezaría a mejorar o se me caería la uña y me empezaría a crecer una nueva y que en un año todo volvería a estar como antes. Empiezo a pensar que no me importaba tanto que se me infectara si eso evitara que me doliera tanto...
Como daños colaterales, no puedo escribir a mano; he aprendido a darle a la barra espaciadora, hacer zumo, machacar ajos con el mortero y ponerme los pendientes con la mano izquierda; no puedo abrocharme el bikini o el sujetador sola sin ver estrellitas de dolor; he descubierto miles de tareas para las que usaba el dedo gordo sin darme cuenta y que ahora, por ser diestra, implican dolor o varios intentos usando la mano izquierda.

Esto de la mala racha empieza a sonar a maldición....

2 comentarios:

Quique dijo...

a ver, muchacha, tienes que comprender que a la puerta le molestara que la despertases en la hora de la siesta...

y lo de imaginarnos el odio indescriptible, sí, nada más ibas relatando los hechos, me dolió hasta a mí (para que luego digas que no me solidarizo contigo)

pues nada, mucho ánimo, y míralo por el lado bueno: a partir de ahora sabrás hacer las cosas con la mano izquierda, que siempre viene bien ser ambidiestro, no?

Athenea dijo...

Espero que te mejores pronto, vaya putada. Nos vemos esta noche, a ver si el salir un poco te mejora el dedo, que llevo un siglo sin salir de tapas.