miércoles, 14 de enero de 2009

La princesa de porcelana


Mia intentó concentrarse en su trabajo, tenía que terminar una redacción y no podía hacerlo por el dolor que sentía en el estómago. Era como si alguien estuviera intentando escapar del interior de su barriga, escarbando en sus entrañas. Pero allí no había nada. Ella se había encargado de expulsarlo.

Levantó la vista y gimió al ver su propio reflejo en la ventana. Rápidamente volvió a mirar el papel e intentó concentrarse, pero no era fácil, ahí estaba de nuevo esa vocecita que le recordaba cada insulto que había recibido, cada mirada acusadora, cada rechazo, cada bocado.

No era justo, ella estaba intentando cambiar pero su cuerpo era débil, necesitaba alimentos, no como su voluntad que buscaba desesperadamente adelgazar tanto que la aceptaran o desapareciera en el intento. Cualquier cosa era mejor que sufrir continuamente el desprecio de los demás... o, lo que era peor, el desprecio de una misma.

Hubo un tiempo en que era feliz, qué tonta era entonces, creía que la gente la apreciaba por lo simpática que era... pero ahora la gente la odiaba y ella quería cambiarlo, quería gustarle a los chicos y no ser la broma continua de todos los que la conocían.

Ana, su amiga, su ejemplo a seguir, le había explicado todos los tips y ella los había seguido. Pero nada funcionaba, adelgazaba más y más, cada día más esbelta, más perfecta, y aún asi la gente seguía tratándola igual. Incluso sus padres, que siempre habían estado orgullosos de ella, ahora la despreciaba y la controlaban, intentaban ponerle trabas a su camino hacia la perfección. ¿Por qué no la entendían?

Con un suspiro volvió a mirarse en la ventana y, por primera vez en mucho tiempo, fue capaz de ver el exterior. Entre las oscuras nubes de fuera caían pequeños copos de nieve revoloteando hasta posarse en la manta blanca que cubría el suelo. De un salto, Mía se levantó y abrió la ventana y respiró el aire frío del exterior. Se sentía viva y necesitaba salir. Se dirigió al armario y empezó a buscar. Recordaba que tenía un "abrigo de Michelín", como le decía Ana, por algún lado. Ahora siempre tenía frío, pero la ropa abrigada la hacía gorda y la había desterrado al fondo de su armario.

Se puso el largo abrigo de invierno y se sintió mejor, más abrigada que nunca. Pero sus ojos fueron a posarse en el reflejo que le devolvía el espejo. Se odió a sí misma, tan gorda, tan descuidada. Pero su corazón le pedía salir y, juntando toda la energía que le quedaba, echó a correr escaleras abajo.

Como si de una niña se tratará empezó a pasear por la nieve con una sonrisa en la cara, empezó a recordar otros tiempos, tiempos en los que era feliz, quedaba a ver tiendas y comer churros con chocolate. Sin querer sus pasos la llevaron hasta la cafetería a la que iba antes. Ese ya no era su sitio, allí sólo había aquello que se había prohibido a sí misma: comida. Pero desde el cristal podía ver a la gente riendo, un grupo de amigas cotilleando y el mismo camarero de siempre que coqueteaba con ella antes de que todo el mundo la odiara. Algo la impulsó a entrar.

El olor a comida la mareaba, en su interior el monstruo de su estómago intentaba desesperadamente salir.
- ¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! La muchacha más guapa del barrio.- dijo el camarero a modo de saludo.

Mía se fijó en sus ojos verdes y en su sonrisa perfecta,
- Hola. contestó tímidamente.
- Bueno, ¿qué haces tan sola? El otro día vinieron tus amigas y les estuve preguntando por ti, decían que ya no salías con ellas, que querías amigas más guays, más perfectas. Pensé que se equivocaban de chica, tú jamás dirías eso, con lo apañá que eres - le dijo soltándole un guiño- . Ahora veo que lo que te pasa es que estabas enferma, tienes mala cara, pero un buen chocolate te hará sentir mejor.- y se alejó sin dejarle replicar.

Mía se mordió el labio y recordó a sus antiguas amigas, todas eran demasiado gordas e imperfectas para Ana, así que la habían dejado sola, la habían abandonado... ¿o había sido al revés?

El camarero volvió con dos chocolates y unos cuantos churros y se sentó con ella.
- He pensado que me voy a tomar ahora mi descanso, así me cuentas qué tal estás.

Mía no se podía creer lo que le estaba pasando, tanto tiempo deseando que los chicos se fijaran en ella y ahora lo estaba consiguiendo. Ana tenía razón. Durante media hora estuvieron comiendo y riendo, hacía tanto tiempo que no se sentía tan bien. De repente la vocecita de su interior le recordó que tenía que expulsar todo lo malo de su interior y se disculpó para ir al baño. El camarero le cogió la mano cuando se alejaba.

- No lo hagas, no lo necesitas.
- No sé de qué me hablas- contestó Mía entre asustada y ofendida.
- No vomites, antes eras perfecta, ahora no eres más que un fantasma. Me horroriza pensar que te has hecho esto a ti misma.- le dijo con angustia en la voz.
- ¡Nunca te habrías fijado en mí si siguiera siendo gorda!- le gritó amargamente Mía.
- ¡Sí me fijé en ti! No recuerdas cómo coqueteaba contigo, y siempre deseé pedirte salir... pero no me atrevía. Hoy... hoy me he dado cuenta de que esto es en parte mi culpa, si te hubiera dicho lo que sentía... lo mismo nunca habrías querido cambiar. Porque yo te habría dicho que no lo necesitabas, te hubiera ayudado.
- No es tu culpa, no es un problema, es mi decisión- contestó a la defensiva Mía.

El mundo empezaba a darle vueltas, ¿sería verdad lo que decía? Temblando de pies a cabeza se apoyó en la mesa. El camarero se levantó y la sujetó.
- Me gustaban tus mejillas sonrosadas, tus piernas esbeltas, tus caderas redondeadas y los hoyuelos que te salían al reír. Eras perfecta, y todavía lo eres, muy dentro de ti. Déjame que te ayude, para de hacerte daño y permite a los demás volver a tu vida. Ana no es tu amiga, ella sólo tiene envidia de ti.

Mía apoyó la cabeza en su hombro y lloró. Tenía razón, antes todos la querían y desde que Ana entró en su vida les había obligado a salir de su vida. Y todo, ¿para qué? Para conseguir un cuerpo que nadie quería porque era todo huesos, un aliento asqueroso, una sonrisa dañada por los ácidos del estómago y alma destrozada por una enfermedad que hacía que se menospreciara a sí misma.

Ella era perfecta, siempre lo había sido... y podría volver a serlo, con ayuda.

14 comentarios:

Alice Cullen dijo...

No se como escribirlo... Me gusto mucho tu cuento, es lindo... por lo que veo no eres ni ana, ni mía, y tambien veo que deseas ayudar, no?...En verdad entiendo, lo que quieres, pero si todo fuera tan facil como eso, no habria ni anas, ni mías, lee mi blog, le mis primeros post, y veras lo que era yo antes... Gracias de todos modos.

Miauz dijo...

Alice: Sé que no es fácil, pero lo que no es es una solución. Es una enfermedad, un trastorno, un problema y aquellos que realmente te quiera no piden que lo dejes por egoísmo, sino por amor.
Como bien dices, esto no es más que un cuento, por cada final como este hay cientos, miles que terminan en tragedia. Si ayudo a alguien a tener un poco más de esperanza o si hago que una "wannabe" se lo piense dos veces, seré feliz.

eLeeniTaa..! dijo...

me as pedido opinion y aqi estoi un bonito cuento si...pero solo un cuentoo...gracias de todas formas por querer ayudar...yo no necesito tu ayuda pero qizas otras princesas si...=)
SUERTE
un besoo

Alfonso E. dijo...

Me parece un buen relato, una buena labor y una muy buena intención, que alabo profundamente.

Ahora bien, tras leer los comentarios, y entrar en uno de los blogs de las mismas, he llegado a la siguiente conclusión:
desgraciadamente, el mundo está lleno de imbéciles (e imbécilas, como diría la las "miembros y miembras"), así que en estos casos, creo que es mejor darle la razón a Darwin y dejar que la selección natural actúe...

antemil dijo...

Creo que Alfonso lo ha dicho clara y correctamente.
Aunque nunca hay que olvidar que parte de la culpa es de la sociedad y su sistema de lavado mental.

Alfonso E. dijo...

Por cierto, y complementando el comentario anterior. La verdad es que no conocía para nada la locura que se monta la gente en páginas como el blog de estas comentaristas... ¿En qué puto mundo estamos viviendo donde la única y principal obsesión es estar delgada? ¿Dónde han quedado las demás (sanas) ambiciones en la vida como sentirse realizada, disfrutar del amor (sano) en pareja, trabajar por un mundo más justo, o desarrollar el "yo espiritual"? Obviamente fuera de ahí (y de una gran parte para la sociedad). Si el principal objetivo en nuestra vida es obtener un cuerpo (im)perfecto, y para ello hay que pagarlo con la salud, apaga y vámonos. La sociedad hemos entrado en un pozo de vanidad y ombliguismo que me parece asqueroso.

Y con todo el cariño del mundo para las autoras, la verdad es que he sentido verdaderas ganas de vomitar al ver algunas de las fotografías. Y si queréis una opinión masculina: la delgadez a esos niveles no sólo no me parece horrible por lo que representa (una enfermedad física y MENTAL), sino que no me atrae físicamente absolutamente nada. Y no soy el único, así que tomad nota.

Necesitáis ayuda. Mucha.

Miauz dijo...

eLeeniTaa..!: Las personas que más necesitan ayuda son aquellas que más se esfuerzan en rechazarla. Tienes una enfermedad, admítelo antes de que acabe contigo... y de que arrastres a muchas niñas que te usen como ejemplo en el camino.

Alfonso: Una de las razones de toda la campaña es concienciar a la gente de que estas redes tan nocivas existen. La otra es ayudar.
Pero es un problema grave porque, al ser una enfermedad en la que los enfermos no se consideran tales sino simplemente incomprendidos, es casi imposible prestarles ayuda.

antemil: La culpa es en muchos casos de la moda (que ya se está intentando enmendar, poco pero algo es algo) y de la televisión, que permite que actrices anoréxicas sean el ejemplo a seguir por miles de jóvenes.

María dijo...

Muchas, muchas gracias por este cuento.
Estoy enferma, lo sé y para mi es un gran alivio reconocerlo. Dejo sms en blogs de chicas ana y mia, q realmente n saben lo q hacen, intentando convencerlas d q no se metan en esto.
Salir es muy dificil. Yo era normal, un poco perfeccionista, y queria adelgazar solo unos 5 kgs, q creia haber engordado... Casi 20 kgs despues soy un fantasma, ahora m veo...
Destrozas t vida y la d tu familia y amigos, t pierdes la vida, q t pasa x delante...
Espero poder comentar un dia y decir q estoy mucho mejor :)
Gracias x el cuento.

Cuidaros!!

agridulzeh! dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
agridulzeh! dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miauz dijo...

Maria: Me alegro de que puedas descargarte aquí y gracias por comentar. Tu opinión sirve para que vean que esto no sólo se ve así "desde fuera". Mucha suerte y siéntete libre de contarnos qué tal te va :)

Miauz dijo...

agridulzeh!: ¿Te crees que las únicas que sois menospreciadas por vuestro aspecto sois vosotras? ¿Crees que no sé lo que es que se burlen de ti por no ser como todos los demás?

¿Quieres un ejemplo "desde dentro"? Mira el comentario de María, el anterior al tuyo.

Una cosa que no entendéis las "princesas de porcelana" es que NO SOIS DISTINTAS al resto del mundo. Todos tenemos problemas, la diferencia radica en el modo de solucionarlos. Vosotras queréis mataros, acabar con el problema echando la comida, ayunando y cortándoos. O al menos es lo que conseguiréis.

Siento que tu familia no te apoyara cuando la necesitabas, créeme, lo siento mucho. No todo el mundo está preparado para ser padre. Pero no tienes que sufrir por SU error y convertirlo en TU error. Dices que amas y odias ser Ana o Mía... pues busca algo que no te haga tanto daño. Encuentra tu lugar en el mundo, un lugar en el que no tengas que odiar una parte de ti.

Sobre lo de los comentarios, esto no es un foro, es mi blog personal. Antemil y Alfonso son amigos míos y dan sus opiniones como personas que son. Igual que tú. Lo mismo se podría ser más "políticamente correcto", pero ninguno somos ni psicólogos ni expertos oradores ni nada por el estilo. Solo gente que intenta colaborar con lo que pueden.

Puedes salir de Ana y Mia, hay mucha gente que TE quiere ayudar. ¿Por qué te empeñas en menospreciarlos?

Alfonso E. dijo...

agridulzeh!, me hago responsable de los comentarios publicados con mi nombre. Y además, te digo:
- Estás enferma
- Tienes un problema
Pero te digo también:
- Si crees que esa es la solución, allá tú. Pero no arrastres a tus amigas ni a gente a través de tu página web.

Si te quieres hacer daño, incluso hasta morir, allá tú. Pero puede que haya gente a la que arrastres que no sepa qué está haciend, o que lo vea como un juego. Por favor, ten un poco de consideración y no desinformes.

agridulzeh! dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.