jueves, 21 de octubre de 2010

¿Un día como otro cualquiera? (Capítulo III)


Sábado. 19:00

Las líneas de código que estaba revisando bailaban delante de mis ojos. Estaba seguro de que ayer lo había dejado funcionando... pero esa estúpida "felicitación" me había despistado, seguro que no había guardado la última versión.
Con un suspiro me quité las gafas y empecé a masajearme los ojos. No había pegado ojo la noche anterior. Tendría que haberme quedado en casa, pero este maldito error me había hecho volver. Yo tenía planes, quería ir a dar un paseo por los muelles... o jugar durante 10 horas al WOW. Recogí las gafas y empecé a repasar el código que ahora parecía saltar al ritmo de la canción de Van Halen que estaba escuchando. Mi teléfono empezó a sonar a mitad del solo de guitarra.
- Johnny, soy Jefferson. Es genial saber que siempre se te puede encontrar en el despacho.
- Ehmmmm sí, claro. ¿Qué quieres, Henry? - dije con apatía.
- Espero que ayer no esperaras mucho el fax, me llamó el cliente por la noche para decirme que me lo mandaría hoy a primera hora. No te llamé porque estaba con Molly en uno de esos conciertos que ...
- Pero, si sí llegó - le repliqué mientras él seguía con su parrafada.
- ... y claro, no era posible llamarte - continuó sin escuchar mi respuesta-. En fin, que la cosa es que si puedes comprobar a ver si llegó. Te espero para que me leas un par de cifras y así me ahorro el viaje hasta allí.

Como un zombi me acerqué al fax y recogí las hojas que estaban allí acumuladas. Leí el membrete, uno de los  clientes de la empresa, parecía correcto. Me acerqué al teléfono y le leí a Henry cifras y fechas durante cerca de 20 minutos.

- Y eso es todo. Gracias, Johnny, eres genial. Sabes qué, creo que te mereces un incentivo. Tengo una caja de Bounties en mi mesa, en el primer cajón. Coge uno, muchacho, ¡pero no más, que estás fondón! Bueno, voy a ir cortando...
- Espera, ayer llegó otro fax, que te metí en un sobre y dejé en tu mesa.
- Pues no esperaba más faxes. Será de otra persona. Lo dicho, chico, que te lo pases bien... jugando con el ordenador. Jejeje - y colgó.

¿Y para quién era el fax? Sólo había una forma de saberlo. Me levanté y me dirigí a la mesa de Henry. Me senté en su silla de 1000 dólares, cogí el sobre con el fax y me recliné apoyando los pies en la mesa ébano. Abrí el cajón y cogí los dos últimos pastelillos que le quedaban. Mientras me comía uno saqué los folios del sobre y empecé a leer.

Instrucciones para la redención: Alma perdida
Si no cumple las siguientes instrucciones fallecerá irremediablemente en 10 días.
1º Sucumbir ante el ángel de la muerte.
2º Redimir al ángel caído.
3º Castigar a un ser pernicioso.
...

Alma perdida... LostSoul, ese era mi nick en el War Of Warcarft... me lo puso ella. Molly. Siempre me decía que había perdido mi alma, que no me interesaba por nada y que era un corazón solitario. Molly. Por eso se fue con... él.
Salté de la silla y me dirigí a mi mesa. Alma perdida, ¿quién se creía ese Henry Jefferson que era? Arrugué los folios que tenía en la mano y me acerqué a la papelera. En el último momento me arrepentí y los metí tal y como estaban en mi mochila junto con mi MacBook. Recogí mi chaqueta y la mochila y salí del despacho mientras despotricaba entre los labios.

Necesito una cerveza... una grande. O mejor un Four Roses... doble. Cuando salí del despacho me dirigí hacia el metro, rumbo a mi antro favorito, O'Donnell's.

Capítulo IV